
Enredadera de besos,
cristales rotos de fría conspiración
de un destino que lejos cayó.
Caricias en las manos,
tensión en las miradas,
cuyo brillo en los ojos resaltaba.
Roce de labios
sobre la cálida piel,
susto infame de él.
Sentimientos escondidos
tras un poco de miel,
palabras tan dulces
pero poco comprendidas,
igual que una ráfaga de viento
en medio de un océano,
a nadie le llega y
nadie le hace caso.
Observando estrellas
se iluminó la tuya
en el cielo
de un corazón solitario,
que oscuro estaba y,
ahora es iluminado.
Como un dragón
entre montañas,
encierro el sentimiento
en tal castillo,
para que el que se lo merezca,
me lo rescaté,
y me lleve a un reino perdido
entre su destino y el mío.